El experimento de Michelson-Morley fue
uno de los más importantes y famosos de la historia de la física. Se realizó en
1887 y está considerado como la primera prueba contra la teoría del éter. El
resultado negativo del experimento constituiría posteriormente la base
experimental de la teoría de la relatividad especial de Einstein.
El propósito de Michelson y Morley era
medir la velocidad relativa a la que se mueve la Tierra con respecto al éter.
Razonaron que, si el éter era real, la Tierra se movería por él como un avión
por el aire, produciendo un "viento del éter" detectable.
El efecto del viento del éter sobre las
ondas de luz sería como el de una corriente de un río en un nadador que se
mueve constantemente a favor o en contra de la corriente. En algunos momentos
el nadador sería frenado y en otros impulsado. Esto es lo que se creía que
pasaría con la luz al llegar a la Tierra con diferentes posiciones con respecto
al éter, llegaría con diferentes velocidades.
Luego de una
cuidadosa preparación, el experimento fue fallido, aunque exitoso. En vez de
mostrar las propiedades del éter, no se produjo ninguna diferencia de velocidad
de la luz y, por tanto, ninguno de los efectos que el "viento del
éter" tenía que producir. El aparato se comportó como si no hubiese
"viento del éter". Este asombroso resultado no podía ser explicado
por la teoría de las ondas vigente en la época. Se intentaron muchas
explicaciones, como que la Tierra arrastraba de alguna forma al propio éter,
pero todas ellas resultaron ser incorrectas.
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